49 – Stanley Clarke, groove science

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Stanley ClarkeSchool Days.  Nemperor/Epic, 1976

“El bajo, no importa qué tipo de música estés tocando, mejora el sonido y hace que todo suene más hermoso y completo. Cuando el bajo se detiene se derrumba todo”

“Creo que el bajo es probablemente el instrumento que mas se ha desarrollado en comparación con otros instrumentos. Es sin duda el que mas ha evolucionado, sobre todo en el modo en cómo se percibe y cómo se toca…”

En la década de los 30 del siglo pasado, el músico e inventor Paul Tutmarc desarrolló el primer bajo eléctrico en su forma moderna: un instrumento con trastes diseñado para ser sostenido como una guitarra. Hasta entonces el contrabajista de la orquesta solía estar situado atrás, en una esquina del escenario, donde destacaba muy poco y se limitaba a hacer lo que se esperaba de él; algo básico pero simple: marcar lo mejor posible el tempo junto al baterista. Poco después, con la aparición del be-bop, el contrabajista cobró un poco más de peso al ver las bandas reducido considerablemente el numero de miembros; pero ahí siguió durante décadas, esquinado, a lo suyo, llenado de plumas el colchón sobre el que se lucían los protagonistas, y marcando el beat sin llamar la atención.

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Oscar Pettiford, Ron Carter, Charlie Haden, Miroslav Vitous o Dave Holland fueron enormes músicos que lideraron sus propios combos, pero no existió ningún bass hero hasta que llegó Clarke. Fue un par de años antes de que surgiera el malogrado Jaco Pastorius o nuestro admirado Carles Benavent, más de un lustro antes de Marcus Miller, y décadas antes de Meshell Ndegeocello, Victor Wooten o Esperanza Spalding, por nombrar algunos de los mas destacados, pero sin duda Clarke fue el primero, hasta que apareció en escena pocos se fijaban en el bajista. Es curioso que, pese a ser un instrumento utilizado habitualmente en el rock, el pop y el soul, desde hacía mas de una década, hasta mitad de los años 60 no se escuchó ningún bajo eléctrico en el jazz. Concretamente hasta que la heterodoxia de Miles Davis marco el camino hacia la electrificación de su sonido, y por ende de todos los que le seguían. Fue también sobre esos años cuando James Brown desarrolló ese groove característico tan suyo que dota de gran protagonismo al downbeat, con un fuerte énfasis en el primer golpe de cada tiempo, en contraposición al backbeat habitual en la música afroamericana. En pocas palabras: cuando se parió el funk, y ser el bajista paso a ser tan cool como ser el cantante o el guitarrista.

Stanley Clarke nació en Filadelfia en Junio de 1951, y a los diez años se inició en los estudios musicales. Se cuenta que comenzó a tocar el bajo por ‘tardón’. El día que llego a la clase donde repartían los instrumentos este era el último que quedaba por asignar, y le tocó a él. Bendito retraso si hubiera sido así, pero se sabe con certeza que ya tocaba el acordeón, el violín y el violonchelo, antes de establecerse en el bajo; además él mismo hacía la ‘coña’: “el bajo es un instrumento alto y yo soy un persona alta, nos adaptamos perfectamente”. Se graduó en la Academia Musical de Filadelfia, y en 1971, con 20 años recién cumplidos, se trasladó a Nueva York, donde cats tan reconocidos como Horace Silver, Art Blakey, Dexter Gordon, Gato Barbieri, Joe Henderson, Chick Corea, Pharoah Sanders, Gil Evans o Stan Getz, apostaron por el sonido del joven, y recién llegado a la gran manzana, Clarke.

Virtuoso tanto con bajos acústicos como con eléctricos, Stanley Clarke ha pasado gran parte de su carrera bordeando las fronteras del jazz, y actualmente sigue siendo un músico de mente abierta capaz de desenvolverse con maestría en diferentes estilos. Imitado por su técnica y estilo como ningún otro bajista de la historia, en una entrevista a Guitar Player revelaba algunos de sus secretos: “En el bajo eléctrico, utilizo cualquier dedo, incluso mi pulgar… Principalmente toco con tres dedos, pero en ocasiones no me queda más remedio que utilizar cuatro para poder darle la velocidad necesaria al solo”. El estilo enérgico de Clarke fue influenciado por las técnicas de Scott LaFaro, bajista de Bill Evans, que fue el primero en considerar el bajo como instrumento melódico, y no solo como parte de la sección rítmica. “Siempre me he sentido más atraído por la parte melódica que por la rítmica … Tenía todas estas melodías dando vueltas en mi cabeza, todo este conocimiento de la música clásica que estaba tratando de aplicar al r’n’b y al jazz, y decidí que sería una traición a mi integridad personal ser simplemente un controlador del beat” manifestó en la revista Rolling Stone.

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Habiendo demostrado que se manejaba perfectamente tocando be bop con personal de primera a los veinte años, su voracidad artística le impulsa a buscar otras sendas y se decide a acompañar a Chick Corea en el alumbramiento de Return to Forever en 1972. Ellos fueron una de las bandas que gestaron el jazz fusión junto a Weather Report, la sombra de Miles es alargada, o la Mahavishnu del británico John McLaughlin. Pese a aportar pocas composiciones al grupo, Clarke fue un elemento básico en la formación por su personalidad y contrapunto percusivo al lirismo de Corea. Un año mas tarde lanza su primer álbum en solitario con el apoyo de Corea, Children of Forever, en el que todas las composiciones llevan su firma, y algunas el toque funk que no abandonará jamas. Otros dos excelentes discos, Stanley Clarke  en 1973 y Journey to Love en el 74, precedieron a School Days, protagonista de estas lineas, en 1976,

Con veinticinco años, Clarke sabe perfectamente hacia donde va, y compone, produce e interpreta un álbum esencial en los archivos musicales del siglo XX. Un disco que mereció el éxito de crítica y público, y se ha convertido en imprescindible para muchos instrumentistas que lo toman como modelo. Se demuestra una vez más que el genio superior siempre trasciende a los melómanos mas especializados. Porque School Days no es solo un disco de un nivel artístico de diez, si no que además es asequible, potente, bailable y divertido. Le acompañan en la faena John MacLaughlin, George Duke, Steve Gadd, Billy Cobham, David Sancious, Ray Gomez, Icarus Johnson, Milt Holand y Gerry Brown; incluyendo una sección de cuerdas con trece maestros, y una de vientos con diez músicos. Todos ellos superlativos, un puñado de magistrales instrumentistas dándolo todo en un proyecto novedoso.

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La grabación se desarrolló en Junio de 1976 en los Electric Lady Studios de NY, y en los AM Studios de Los Angeles. Fue producido por el propio Clarke y el ingeniero británico Ken Scott que, aparte de ser uno de los cinco ingenieros originales que trabajaron con The Beatles, ya había trabajado en el álbum anterior de Stanley y en otras delicatessen jazz fusión con la Mahavishnu o Jeff Beck. El tema que da titulo al Lp abre la cara A, y desde el primer acorde marca cual es el camino que a partir de ese día va a seguir el señor Clarke. ¿Es rock, funk o jazz?, ¿o todo al mismo tiempo?, ¿o ninguna de las tres cosas?. Si todos los guitarristas tienen un riff que los enganchó a las seis cuerdas, muchos bajistas tienen el riff de School Days como referencia primigenia. El primer lado se completa con otros dos cortes superiores: la balada rítmica Quiet Afternoon, que apacigua el shock con una preciosa melodía a cargo de Clarke; y como ultimo track uno de los mejores del álbum, Dancer, con una exuberante percusión brasileña que le da un groove increíble, y la guitarra de Ray Gomez y el minimoog de David Sancious dándole la replica a un líder que, pese a que en esta ocasión se contiene y actúa de bajista tradicional, sigue destacando. Le damos la vuelta al vinilo y nos encontramos un etéreo tete a tete acústico sentimental con John McLaughlin en Desert Song; un dialogo de cuerdas acariciadas por dos de los mas grandes. La cosa se pone bailable con Hot Fun, un corte puro funk con una estupenda rítmica de Gomez y unos arreglos al más clásico estilo E,W & F; y para terminar el único corte que contiene voz de todo el disco -también la de Clarke-: Life is just a Game. Un prodigio de instrumentación en el que se percibe el toque de George Duke, en lo que sería un adelanto de su exitosa joint venture de los 80, la batería del contundente Billy Cobham, y la guitarra de un desconocido Icarus Johnson que nos deja la carta de presentación de lo que sera una prolífica carrera como músico de sesión.

La carrera de Clarke no termino ni mucho menos tras esas joyas de finales de los 70.. Su capacidad como compositor le llevo al mundo del cine y la television, creando multitud de bandas sonoras y temas para series y películas. En los escenarios y en los estudios ha seguido siendo lo que siempre ha sido, un músico excepcional que no ha dejado nunca que le encasillaran. Desde sus aventuras descaradamente ‘rockeras’ con Stewart Copeland y sus Animal Logic, o la reencarnación a su manera del concepto de Return to Forever en el siglo XXI. Le llamó Vertu, y contó para ello con su ex compañero Lenny White, además de con Karen Briggs, Rachel Z y Richie Kotzen.

“No siento que deba hacer música para satisfacer a nadie, pero creo que una de las tareas fundamentales de un artista es crear una obra con la que otras personas pueden relacionarse. Sería un tonto si hiciera algo que nadie más iba a entender.”

Un pensamiento en “49 – Stanley Clarke, groove science

  1. Otra joya !!! que me permite, como aficionado a LA MÚSICA, pero con limitados conocimientos de los grandes instrumentistas para mí “poco conocidos”, volver a redescubrirlos refrescando esa memoria musical, que me aporta momentos de disfrute incomparables.
    De nuevo, gràcies, moltes grácies Joan.

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