48 – Bob Dylan, el verbo afilado

blood on the tracks

Bob DylanBlood On The Tracks. Columbia, 1975

Ahora entiendo lo que debe sentir un naufrago que se encuentra viajando en una pequeña balsa por mitad del océano. Tiene una brújula y un remo: sabe en que dirección debe ir y tiene un medio para impulsarse. Pero la amplitud y grandiosidad de la extensión que se abre ante él le abruma hasta el punto de que esta apunto de renunciar  y dejarse llevar por la corriente. De todos los capítulos de ‘Dioses y Monstruos’ este es probablemente el más difícil. Más incluso que el de The Beatles o Frank Zappa. Si sobre estos se han emborronado millones de cuartillas, que decir de lo que se ha escrito sobre el judío errante.

Para mi Dylan no se merece que le den el Nobel de Literatura como defienden tantos ‘dylanologos’… pero si que se mereció el Pulitzer que le concedieron en 2008, el primero otorgado a un músico de rock, “por su profundo impacto en la música y la cultura popular americana, gracias al poder poético de sus composiciones”. Ese es el punto de partida, y la meta, “…el profundo impacto en la música y la cultura popular…”. Porque este es un punto indiscutible. Dylan comparte junto con Gershwin, James Brown, Cole Porter, Elvis Presley o Miles Davis, la responsabilidad de ser el artista que más ha influido en la música americana del ultimo siglo.

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Nieto de inmigrantes judíos llegados de Rusia, Dylan nació Robert Allen Zimmerman el 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, donde su padre, Abe, trabajaba para la Standard Oil Company. En 1947, la familia Zimmerman se trasladó a la pequeña ciudad de Hibbing, donde Bob vivió una infancia de lo más corriente. Comenzó a escribir poemas con diez años, y ya de adolescente aprendió a tocar el piano y, muy rudimentariamente, la guitarra. Como casi todos lo jóvenes de su generación se dejo hechizar por Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, y otras estrellas tempranas del rock, y pronto comenzó a formar sus propias bandas, entre las que destacaron The Golden Chords y Elston Gunn and His Rock Boppers Era tal su admiración por el rock’n’roll que, en 1959, en el anuario de su escuela en Hibbin, afirmaba que su objetivo era “conocer a Little Richard“. Poco después el joven Zimmerman tomo el camino que tantos como él habían tomado antes, dejo su pueblo, y la Universidad de Minnesota, para irse a Nueva York. En la gran ciudad pudo seguir mas de cerca el rock que se hacia por entonces, y a la vez inició un proceso de introspección a la  búsqueda de las raíces que se hundían en el folk. De los engominados rockers que admiraba pasa a encontrar sus referentes entre el folk y el blues de Robert Johnson, Hank Williams y Woody Guthrie. Esta absorbido totalmente por los sonidos de la vieja América, y su interés por la música se vuelve tan intenso y obsesivo que ya no encuentra tiempo ni para ir a clase. El día lo ocupa escuchando viejos vinilos, y por la noche se pasea con su guitarra y su armónica por locales como el Ten O’Clock Scholar Cafe o el St. Paul’s Purple Onion Pizza Parlor. Su personalidad. adoptando el nombre artístico de Bob Dylan -probablemente en honor del poeta galés Dylan Thomas aunque el siempre lo ha negado-, y su peculiar voz nasal tan expresiva, se forman en esos años de juventud neoyorquina.

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En el otoño de 1961 su leyenda comenzó a extenderse más allá de los círculos folk del Greenwich Village. Sucedió después de que el crítico Robert Shelton le viera actuar en el Gerde Folk City y escribiera una elogiosa reseña en el New York Times: “… este joven esta a punto de petar de la cantidad de talento que atesora…”. Un mes más tarde un importante ejecutivo de la Columbia llamado John Hammond le firmó su primer contrato de grabación, y el joven cantautor comenzó a seleccionar el material para el que sería su álbum de debut. Increíblemente todavía no confiaba plenamente en sus propias habilidades como compositor y solo incluyó dos temas propios en el disco, completando el tracklist con canciones populares tradicionales de bluesmen como Blind Lemon Jefferson o Bukka White. El disco se lanzó a principios de 1962, y el resultado fue cuanto menos inquietante…. un jovencito judio de Minessota cantando “quiero ver como mi tumba se mantiene limpia” con la voz de un viejo negro del Missisipi. Este primer trabajo fue un buen disco, el joven Dylan prometía sin duda, pero pese a todos los parabienes que obtuvo nadie estaba preparado para la obra maestra que publicaría al año siguiente. Al contrario que en el primer álbum, en The Freewheelin ‘Bob Dylan la mayoría de canciones son suyas, y menudas canciones: Girl from the North Country, Masters of War, A Hard Rain’s a-Gonna Fall, Don’t Think Twice, It’s All Right y, especialmente, Blowin’ in the Wind, que se convertiría en uno de los himnos pacifistas y contraculturales de los 60. Su siguiente álbum, The Times They Are A-Changin ‘, le ratifica como el compositor definitivo del movimiento de protesta de la década, reputación que aumento significativamente gracias a su relación con Joan Baez. Baez se benefició sin duda de las canciones que Bob le escribía, pero Dylan se aprovecho de que Joan le presentará a miles de fans a través de sus conciertos. En 1964 Dylan estaba haciendo unos 200 conciertos al año, pero comenzaba a cansarse de su papel de ‘el’ cantautor. Años mas tarde, tras su conversión al catolicismo, recordaba esa época:  “Me convencían de que era un profeta y yo lo negaba. Ahora vengo y les digo que Jesús es la respuesta y dicen: “Bob Dylan no es un profeta”. Luego vendría Another Side of Bob Dylan, grabado en 1964, un disco mucho más personal e introspectivo, con mucho menos carga política que sus anteriores trabajos. Esta es la época en que comienza a cimentarse su fama de cascarrabias inaguantable. Sobre todo en su relación con la prensa. Durante una entrevista en el programa de televisión de Les Crane, preguntado sobre una película que estaba planeando hacer, Dylan contestó a Crane que sería una película de vaqueros de terror. Preguntado si interpretaría al vaquero, Dylan contestó: “No, interpreto a mi madre”.

Y ahora vuelve la sensación de la que os hablaba al principio del texto. La del naufrago con un océano por delante. He llegado a las dos terceras partes del articulo y solo he avanzado unos pocos metros en la vida y la carrera de Bob. No me queda más remedio que utilizar el recurso de la elipsis y pasar por la siguiente década dando un salto en el tiempo apresurado pero imprescindible para poderme ceñir a la estructura de ‘Dioses y Monstruos’. No os costará encontrar la información que echeis en falta.

Entre el 65 y el 74 edita 11 álbumes. Desde el que se considera su mejor trabajo, Blonde on Blonde en el 66, al peor -o por lo menos el mas denostado- Self Portrait en el 70. De la musica para la película de Sam Peckinpah, Pat Garret and Billy The Kid, en el 73 a su primera grabación en directo con The Band, Before The Flood, en el 74. Aunque casi más que de Lps deberíamos hablar de canciones, a cual más trascendente: Just Like a Woman, Rainy Day Women No. 12 & 35, I Want You, Lay Lady Lay, Knockin’ on Heaven’s Door, All Along the Watchtower y, especialmente, Like a Rolling Stone, a la que la revista homónima colocó como numero uno entre las mejores canciones de todos los tiempos y de la que por cierto, hace pocos días, se ha publicado su videoclip con un pequeño retraso de casi cincuenta años. Es probablemente la década más relevante de la historia de Dylan, y quizá por esa razón la dejo en manos de cronistas mas versados que yo. Es la década de su evolución eléctrica, de su asociación con The Band, de su primer matrimonio y su primer divorcio, de su grave accidente en moto o de sus enfrentamientos cada vez mas agrios con el establishment.

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Blood on The Tracks es el decimoquinto disco de estudio de Dylan, y fue publicado en enero de 1975 por Columbia Records. El álbum supuso el regreso de Dylan a Columbia después de grabar dos álbumes para Asylum Records. La mayoría de las letras del disco giran en torno a la angustia, la ira y la soledad. Y pese a que en su linea habitual el siempre negó que fueran autobiográficas, su hijo Jakob afirma que las canciones del disco ‘son sus padres hablando’. La grabación fue de lo más accidentada. Dylan llegó a los Columbia Studios de NY en Septiembre de 1974. El ingeniero de la sesión era Phil Ramone, y ya se veía venir que las sesiones no iban a ser placidas. Eric Weissberg y su banda, Deliverance, originalmente contratados como músicos de sesión, fueron rechazadas después de dos días de estudio. Al final Dylan se quedo con el bajista Tony Brown, añadió al organista Paul Griffin (con el que había trabajado en Highway 61 Revisited) y ficho al guitarrista Buddy Cage. Después de diez días y cuatro sesiones, Dylan había terminado de grabar y mezclar, y Columbia pronto comenzó a prepararse para la inminente edición del álbum. Pero, dos meses más tarde, justo cuando estaba programado el lanzamiento, Dylan se arrepintió y volvió a grabar varias canciones en los Sound 80 Studios de Minneapolis con una banda de músicos locales que le había organizado su hermano David Zimmerman.

Blood on The Tracks es probablemente la más impresionante recreación musical de amor y perdida jamas grabada. Canciones espeluznantes como Tangled Up in Blue, Idiot Wind o Shelter From the Storm reflejan la turbulencia emocional y el profundo estado de angustia en que se encontraba Dylan. Muchos otros Lps de Bob Dylan han tenido más éxito que este. Muchas otras grabaciones han contenido más singles de éxito que Blood on The Tracks. Muchos otros discos de Dylan son más recordados que este… pero os aseguro que no hay ninguno mejor.

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