39 – Roy Ayers, pensando en la música

r.ayers-tear2smile Roy Ayers UbiquityA Tear To Smile. Polydor, 1975

Si hemos de buscarle un padrino al que endosarle la responsabilidad del soplo divino que permitió el renacimiento del black funky vibe en los 90 – léase british funk, rare grooves, hip-hop jazz, o lo que conocemos como acid jazz– este es sin duda Roy Ayers. Es uno de esos artistas capaces de fluir con la época, genios que nunca se encuentran fuera de onda, que siempre tienen algo que decir. Cuando reviso la documentación para escribir el artículo y descubro que su primera grabación la realizo el año que yo nací, que su ultimo álbum como protagonista principal tiene poco mas de un lustro, que se le puede encontrar tocando en festivales de jazz o funk por todo el mundo, y que todos los años (todos todos todos todos todos todos todos todos….) aparecen nuevas versiones de sus temas, o sus melodías y ritmos son ‘sampleados’ en producciones frescas, pues que queréis que os diga… como Roy…. pocos, muy pocos. Me viene a la mente un divertido anuncio que se repite estos últimos mese por televisión: este si que sigue siendo feliz  pero no con uno, sino con ‘dos palos’.

Ayers nació en Los Angeles el 10 de Diciembre de 1940,  y se crió en una familia musical: su padre tocaba el trombón, y su madre pianista aficionada que le enseño de muy pequeño a tocar el piano. A los cinco años asistió con sus padres a un concierto de Lionel Hampton y este, al acabar la actuación, bajó del escenario y le regaló su primer par de baquetas de vibráfono.  Sin duda una premonición de Hampton, pero no fue hasta los 17 años cuando Roy se inclino decididamente por ese instrumento. En una entrevista, muchos años después, todavía recordaba la impresión que le había causado esa actuación: “Lionel exudaba ritmo por cada poro de su cuerpo, y podías sentirlo si te acercabas a él”. Aunque no fue su única musa, otros instrumentistas del vibráfono como Red Narvo, Carl Tjader, Milt Jackson y Gary Burton también tuvieron su parte de responsabilidad en el arte de Ayers: “Siempre he respetado a los que estuvieron antes que yo, y me encantaría podernos reunirnos todos en una ocasión para que nuestros vibes sonaran juntos. Sería un acontecimiento realmente groovy”.

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El área de Los Angeles donde se crió Roy era el epicentro de la escena musical del sur de California. Las escuelas a las que acudió Ayers estaban cerca de la famosa Central Avenue, el equivalente en Los Ángeles de la Lennox Avenue en Harlem. Roy  estuvo expuesto al jazz desde muy pequeño, ya que el bebop no sólo emanaba de los muchos clubes nocturnos y bares de la zona, sino que muchos de los mejores cats vivían en por su barrio. Incluso algunos, como Dexter Gordon, habían estudiado en la misma high school que él. En los primeros sesenta se sumergió en la escena jazz de la Costa Oeste grabando con Curtis Amy (1962), Jack Wilson (1963-1967) y la Gerald Wilson Orchestra (1965-1966), además de colaborar con Teddy Edwards, Chico Hamilton, Hampton Hawes y Phineas Newborn, y editar un par de Lps para Atlantic. Una sesión con el egregio flautista Herbie Mann le llevó a colaborar con él  durante cuatro años (1966-1970), lo que le ofreció la posibilidad de adquirir una experiencia que le permitió adoptar nuevos estilos musicales más allá del bebop/hard bop en el que se estaba moviendo.

Después de participar, junto a otras bestias como Larry Coryell, en el brillante álbum de Herbie Mann Memphis Underground (1969), Roy decidió que era el momento de postularse como líder. Abandonó Atlantic Records y creó Roy Ayers Ubiquity, con los que comenzó a grabar para el sello Polydor durante la década que nos dejaría sus mejores obras. Influenciado inicialmente por el sonido de Miles Davis (siempre Miles) y Herbie Hancock, el grupo evolucionaría del jazz progresivo a posturas más soul/funky que serían al fin y al cabo con las que conseguiría un sonido propio e inimitable.

Sonny Fortune, Billy Cobham, Omar Hakim, Alphonse Mouzon, Bernard Purdie, Edwin Birdsong o la mismísima Dee Dee Bridgewater fueron algunos de los grandes artistas que formaron parte de la ‘ubicuidad’ de Ayers; pero durante su todavía vigente carrera han sido decenas los músicos que han buscado su colaboración. Desde el africano Fela Kuti en los 80, hasta muchos de los responsables de la eclosión del acid jazz, que le convirtieron en icono y participante activo de un movimiento que reinvento el sonido que él había creado 20 años antes. En una ocasión un periodista le insistió en su padrinazgo del acid jazz, y Ayers comentó, entre sarcástico e ingenuo,  que su música nada tenia que ver con las drogas: “Esto no tiene que ver con el LSD, sino mas bien con el ácido que ingieres con los alimentos. La música se percibe y se asimila a través del lóbulo derecho del cerebro, y produce una adicción que hace que cada vez queramos mas”. Lo cierto es que su ‘ácido’ creo adictos sin remedio, y  muchos de sus temas fueron ‘sampleados’ y versionados  hasta la saciedad  por grandes artistas de hip hop, r’n’b o jazz funk como A Tribe Called Quest, Mary J. Bligue, Brand Nubians, D’Angelo o Incognito. Y para su tema más celebrado, Everybody Loves The Sunshine, creo que solo falta que hagan la versión al estilo ‘muñeira’. Aunque desde mi punto de vista lo mas destacado de su obra, mas allá de las grabaciones con la Ubiquity,  fue su compromiso en los años 90 con Guru para las series Jazzmatazz, con el que llegaría a actuar en directo en garitos de NY junto a otro monstruo como Donald Byrd.

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Encontrándome en la tesitura habitual de elegir un disco que contenga la quintaesencia del artista, al final  me he decidido por A Tear to Smile. Lanzado en 1975 por Polydor, es un Lp sin complejos, en el que Ayers muestra y demuestra que la calidad musical no tiene porque estar reñida con la diversión y el baile. Al igual que le sucedió anteriormente a otros músicos como Byrd, Hancock o el mismísimo Davis, tuvo que apechugar con las feroces críticas de los integristas del jazz que no perdonaban ninguna veleidad ‘comercial’ a sus artistas ‘serios’. Para él ser comercial no era negativo, era seguir el vibe de los tiempos, el que marcaba la juventud que escuchaba sus discos y acudía a sus conciertos. Este álbum no es solo una descripción perfecta del sonido de Roy Ayers Ubiquity, si no que en él encontramos también la filosofía y el mensaje que promueve a través de sus letras. En ocasiones nos dejamos llevar tanto por la melodía y el ritmo del genio que nos olvidamos de lo inspirador de sus textos ‘progresistas’ en los que la paz, el amor y la búsqueda de la fraternidad humana son una constante.

Con la ayuda de sus ‘sospechosos habituales’ de esa época como Wayne Garfield, Dee Dee Bridgewater o Edwin Birdsong, y algunas sorpresas de calidad como Jon Faddis y su trompeta, el disco se escora sin miedo hacia la vertiente mas funky de Ayers. El jazz fusion con el que había comenzado su aventura con su Ubiquity ha dejado su lugar a una mezcla de jazz, r’n’b, soul, africa y funk que es hasta día de hoy el sello inimitable del artista. Cada vez me cuesta más definir y destacar piezas de los álbumes con los que presentamos a los Dioses y Monstruos, pero dentro de este enorme trabajo no debemos dejar de destacar: 2000 Black y Ebony Blaze, ritmo y sentimiento africano anticipando lo que sería en los años 80 su colaboración con el gran Fela Kuti; Magic Lady, un track de corte clásico en el que Ayers demuestra que se defiende casi tan bien como cantante que como vibrafonista; Time & Space, la joya de la corona, un corte perfecto de soul/r’n’b con una bellísima interpretación a cargo de Dee Dee Bridgewater; la preciosa reinterpretación del clásico de Earth, Wind & FireThats the way of the World, en plan instrumental supremo; o el corte que da titulo al álbum, A Tear to Smile, con todos los componentes que han hecho de Roy Ayers un modelo de sonido imitado año tras año por decenas de artistas que hubieran dado su mano derecha por haberlo compuesto ellos.

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La carrera de Ayers sufrió el bajón que supuso para la música ‘adulta’ en general la irrupción de la contracultura punk y alguno de sus derivados, que conectaron mejor con la juventud que se rebelaba contra el olor a dinosaurio que comenzaba a ‘atufar’ en muchos casos y para él, los años 80, fueron una década poco productiva -excluyendo la ya mencionada colaboración con Fela Kuti-; pero su resurrección la década posterior como dios reencarnado del acid jazz le convirtió en uno de los músicos mas prolíficos, no solo porque siguió (sigue) editando sus propias obras como, sobre todo, porque siempre acude a la llamada de cualquier nuevo talento que desee tener el toque Ayers en sus temas.

“A la gente le gusta definir y redefinir mi música, la manera que toco… Que si smooth jazz, que si acid jazz…. La verdad es que yo toco como se y no me planteo que estilo estoy tocando”

Este mes de Septiembre en que nos encontramos, cuando escribo este artículo, Roy ha cumplido 73 años, y muy pocos pueden presumir de que en sus mas de sesenta años de carrera no hay ni un solo momento del que avergonzarse. Un prueba de la capacidad de Ayers de saber ser y estar en el momento es que en el siglo XXI, cuando la mayoría de nosotros con su edad ya solo nos plantearíamos la jubilación, no ha dudado en participar en producciones de house music junto a Master At Work o Kerri Chandler, o en ser el ‘host’ de la estación de radio ficticia ‘Fusión FM‘ en el videojuego  Grand Theft Auto IV.

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