34 – Steely Dan, la tormenta perfecta

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Steely DanPretzel Logic. ABC, 1974

‘Tormenta perfecta’ es una expresión utilizada en meteorología para describir un evento al limite; un suceso donde una rara combinación de circunstancias, una extraordinaria conjunción de factores, provoca un fenómeno atmosférico de magnitud inusual. A finales de los años sesenta, en un café bohemio cercano a un selecto colegio de Nueva York, coincidieron dos talentos cuya conjunción crearía una de las tormentas musicales más perfectas jamas habida. Walter y Donald. Becker y Fagen. Steely Dan.

Donald Fagen nació en Passaic, New Jersey, un 10 de enero de 1948. Hijo de Josep ‘Jerry’ Fagen, contable, y de su esposa Elinor, una modesta cantante de banda de hotel que tuvo que dejar de actuar en directo por culpa de puntuales ataques de pánico escénico, una dolencia por cierto que acabaría padeciendo el propio Donald, y que acentuaría su carácter introvertido y misántropo. Un ‘mal’ que sería clave para comprender el hecho de que su futuro grupo –Steely Dan– dejara pronto de ser una típica formación de rock para convertirse exclusivamente en una banda de estudio. A mitad de los cincuenta, Fagen se interesó en el rock’n’roll y se compró un disco de Chuck Berry, Reelin & Rockin, pero la pasión por el sonido directo pero simple de Berry le duró poco; siguiendo las recomendación de su primo, con 11 años de edad, asistió al  Newport Jazz Festival, y según sus propias palabras “…me convertí en un snob del jazz, perdí el interés por el rock’n’roll y comencé a desarrollar una personalidad anti-social”. El joven Donald tomaba regularmente el autobús a Manhattan para ver tocar a Charles Mingus, Sonny Rollins, Thelonious Monk o Miles Davis. Pilló la época en el que el be bop se estaba descomponiendo en las dos corrientes con las que se nutriría musicalmente el jazz que estaba por llegar: por una parte el cool jazz, una música más cerebral que el be bop, y que tenía como principal objetivo el establecimiento de una atmósfera de calma y meditación, y por otra el hard bop que sería influencia clave en el sonido funk: de James Brown a Defunkt. Poco después aprendió a tocar el piano, se convirtió en un maestro del ping-pong, y toco vientos en la banda de marchas del colegio. Tras graduarse en secundaria, muy impresionado por la generación beat de Jack Kerouac, William S. Burroughs o Allen Ginsberg, se matriculó en el moderno y progresista Bard College para estudiar literatura inglesa

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El otro cincuenta por cien del dúo que crearía Steely Dan era un par de años más joven que Fagen. Walter Carl Becker nació el lunes 20 de febrero de 1950, en el área de Forest Hills de Queens, en Nueva York. La primera música que recuerda haber oído fue pop de los cincuenta mientras paseaba en coche con su padre por la West Side Highway de NY. “Rosemary Clooney me viene a la mente”, recuerda. De  muy joven, al igual que Fagen, Becker fue abducido por el jazz. Inspirado por Charlie Parker puso todo su esfuerzo en aprender a tocar el saxo,  pero pese a que lo intento no logró aprender,  y en 1966 decidió cambiarlo por la guitarra. Con las seis cuerdas lo tuvo mejor, consiguió que un vecino le diera unas lecciones básicas sobre la técnica del blues. Este ‘colega’ de barrio era ni más ni menos que Randy California, que un año más tarde, y con solo dieciséis años, formaría parte de una de las más eclécticas  bandas surgidas en el continente americano: los californianos Spirit. Walter y Randy vivían cerca uno del otro en Forest Hill, y pronto se animaron a tocar con algunos músicos de la zona. Pero pese a todo el empeño que le puso, y a las lecciones de Randy, Becker pronto se decantó por el bajo. Sin un verdadero profesor que le ayudara a avanzar en el instrumento se sentía frustrado, ya que le era imposible ir más allá de las cuatro nociones elementales que había conseguido aprender por su cuenta. “Me atrajo la idea de sólo cuatro cuerdas, esto simplificaba considerablemente las cosas.” Lo cierto es que con o sin maestro acabaría tocando guitarras y bajo en Steely Dan, y de un modo más que competente. Becker asistió al Stuyvesant High School de Nueva York,  y más tarde se inscribiría en el Bard College, en 1967. Le gustaba el sitio, el ambiente, pero no le gustaba demasiado estudiar. “Me hacían leer libros estúpidos y levantarme temprano por la mañana. Eso si, conocí a gente interesante allí”. Becker sólo permaneció en el colegio durante tres semestres estudiando idiomas, y luego lo dejo.

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Todo cambió cuando Gary Katz se mudó a Los Ángeles para convertirse en productor para el sello ABC y se llevo con él a Becker y Fagen como compositores. Tras darse cuenta de que sus canciones eran demasiado complejas para otros artistas de ABC, y a propuesta de Katz al que hemos de considerar elemento clave en la fundación de Steely Dan, formaron su propio grupo junto a los guitarristas Denny Dias y Jeff ‘Skunk’ Baxter, el baterista Jim Hodder, y el cantante David Palmer. Entusiastas seguidores del movimiento beat eligieron nombre para la banda homenajeando al   bizarro Steely Dan III from Yokohama, un cinturón-consolador con un enorme pene de plástico que aparece en la novela El Almuerzo Desnudo de William S. Burroughs. El incluir a Palmer como vocalista se debió en parte a la resistencia de Fagen a cantar frente a una audiencia, y porque todos consideraban que su voz no era lo ‘suficientemente’ comercial. La banda se caracterizó por crear un sonido que, con una base rock y una estructura pop de temas cortos, juega con un rango de armonías claramente basado en el jazz que escuchaban ambos en NY. Durante dos años hicieron giras por todo el país, hasta que en 1974 (justo después del álbum que nos sirve de guía) pasaron a ser única y exclusivamente un dúo -mas justo sería decir un trío e incluir a Katz en la producción- que grababa como Steely Dan y se hacia acompañar por los mejores músicos de sesión: desde Michael McDonald a Steve Gadd. Debido a su particular modo de ver la música y su entorno, la revista Rolling Stone los denominó “…los anti-héroes musicales perfectos para los años setenta”. Su creatividad no solo se demuestra en su sonido, sino que sus letras tenían un sarcasmo agudo, cerebral, irónico y excéntrico, y no debemos olvidar su bien conocido perfeccionismo obsesivo en el estudio de grabación. El ejemplo más extremo se da cuando para grabar su último Lp en 1980 (último disco de su primera época) utilizaron por lo menos cuarenta y dos músicos de estudio diferentes, once ingenieros de sonido, y estuvieron más de un año hasta terminar las siete pistas de que se compone Gaucho.

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Con Katz como productor grabaron siete álbumes imprescindibles entre 1972 y 1980, y se me hace extremadamente complicado elegir uno de ellos. Me decido por Pretzel Logic cuando podría hacerlo por cualquiera de los otro seis que componen su mejor época. El disco fue lanzado originalmente en el clásico estéreo de dos canales y también en una edición especial cuadrofónica. Contiene once cortes que desarrollan todo el rango de temas, juegos armónicos e influencias musicales, que obsesionan a Fagen y Becker. Intentar definir sus canciones me resulta sencillo: todas son ellos, nada suena como suenan ellos. El disco contiene dos o tres de las mejores composiciones  de su carrera: Rikki Don’t Lose That Number esta en el olimpo de sus grandes obras, y Nigth by Night o Any Major Dude no quedan lejos. Homenajean a su adorado Charlie Parker en el corte que abre la cara B: Parker’s Band, y resaltar por extraordinario (ya que solían tocar siempre temas propios) el rag-time de Duke Ellington: East St. Louis Toodle-Oo. El plantel de instrumentistas que acompañan a Becker y Fagen aturde por su calidad, estando todos ellos entre los mas reconocidos en sus respectivos instrumentos: Jeff ‘Skunk’ Baxter que destacaría también con The Doobie Brothers como uno de los mas completos guitarristas americanos de los años 70; Jeff Porcaro, baterista, que seria junto al teclista David Paich, otro de los colaboradores del Lp, uno de los fundadores de Toto; Ernie Watts, un saxofonista que ya llevaba corridos muchos estudios y había grabado con Charlie Haden o  Marvin Gaye; y como guinda del pastel tenemos al superior multi-instrumentista británico Victor Feldman que, pese a ser un excelso pianista, en esta ocasión tira de todo tipo de percusiones, incluyendo marimbas, shakers o panderetas. Todavía hay gente que se pregunta como consiguieron Steely Dan que tan renombrado artista, que por entonces los superaba a todos en reconocimiento y fama, se conformara con acompañar a los músicos con la percusión. En el line up del álbum estaban también los habituales Denni Dias y Jim Hodder, y por supuesto Becker al bajo, y Fagen en los teclados y voz.

Poco después de editar Gaucho, en 1981, Fagen y Becker decidieron disolver la sociedad. Fagen lanzo un par de excelentes álbumes, y Walter profundizo en la faceta de productor.  Una década de existencia, ocho discos memorables… Suficiente. Ya se que luego volvieron, que publicaron dos discos mas y dieron conciertos como nunca los habían dado antes. Pero no… ya no fue lo mismo.  Por lo menos para mi nunca fue lo mismo. No compre esos discos nuevos, ni preste atención a sus conciertos (por cierto… ¿donde quedó el miedo escénico de Fagen?). Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a buscarse la vida como le apetezca, pero yo (y se que al igual que yo miles de seguidores de la banda en esa década gloriosa) también tengo derecho a ignorarlos. Steely Dan acabo con su disco del 80. Fin de la historia.

“Tengo problemas para distinguir el arte de la vida. En realidad no lo hago y me siento mucho mejor así”

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