27 – George Benson, amor por amor

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George BensonWhite Rabbit. CTI, 1972

En la exigua colección de vinilos que tenían mis padres había un disco de grandes éxitos de Nat ‘King’ Cole. Me encantaba su voz cantando en castellano esos standarts latinos, pensaba que eso es lo que era el ‘rey’ Cole, un cantante de boleros, y lo cierto es que hasta que fui adulto no descubrí que sobre todo era un sublime pianista de jazz, y que lo de cantar mainstream llego con posterioridad a una dilatada carrera de jazzman. Siempre me ha parecido que el caso de George Benson es muy similar. Es uno de los guitarristas de jazz mas sublimes que han existido, probablemente el más cualificado heredero de Wes Montgomery, pero pese a que en sus conciertos nunca olvida su lado más ‘pureta’, la gran mayoría de publico le conoce únicamente por su versión de crooner, y sobre todo por sus canciones de amor. De amor…. romántico y casto eso si, nada de sexo. “Las canciones de amor son una de las grandes esencias de la vida, la única cosa que es duradera. Barry White aderezó la escena con un enfoque de la música muy diferente al que hacían los demás, pero yo soy un poco más … sobrio. Luther (Vandross) y yo bromeábamos sobre el número de niños de los que eramos responsables, pero tengo trazada una linea que nunca sobrepaso, si alguien escribe algo demasiado sexualmente explícito no lo canto”.

George Benson-Jack McDuff

Benson nació y se crió en Pittsburgh, Pennsylvania. Su padrastro era guitarrista, y con siete años le reparó un ukelele que habían encontrado roto en la basura -sus dedos eran demasiado pequeños para los trastes de una guitarra- con el que deleitaba los fines de semana a los parroquianos del nightclub Little Paris, un garito cercano a su casa. A los ocho se  compró su primer instrumento, una guitarra de 14 dólares que no tardo en dominar,  y con diez grabó su primer disco sencillo, She Makes Me Mad, en Nueva York, bajo el nombre de Little Georgie Benson. Esta acelerada carrera terminó cuando su madre, con mucho sentido común por su parte, percibió que las cosas estaban yendo demasiado rápido y puso el freno: “Mi madre vio lo que estaba sucediendo y cortó justo a tiempo, me dieron la oportunidad de ser un niño otra vez.” La vida del pequeño George recupero el necesario componente infantil que todos los niños merecen. Asistió a la escuela primaria y se graduó de secundaria en la Schenley High School. Pero la guitarra, y el jazz, no se apartaron nunca de su lado. Influenciado por los sonidos de Charlie Christian (legendario guitarrista americano de los años 40), el modo de golpear las cuerdas de Django Reinhardt, la guitarra country de Hank Garland, Wes Montgomery (su más obvia influencia), y el be-bop de Charlie Parker, aprendió a desenvolverse en los parámetros del jazz sin problemas, y acabó actuando junto al gran organista Brother Jack McDuff antes de cumplir veinte.

Poco después, con dos décadas y poco más de edad, grabó su primer disco como líder, The New Boss Guitar, con el cuarteto de Brother Jack McDuff. Las siguientes grabaciones fueron ya con su cuarteto propio, una formación que incluía a Lonnie Smith tocando el hammond, Ronnie Cuber al saxo barítono y Marion Booker a la batería. Desde el año 63, además de sus discos como líder, tocó como sideman en grabaciones de grandes, enormes diría yo, personalidades del jazz como McDuff, Lou Donaldson, Larry Young o Lee Morgan, hasta que en 1967 el mago generador, Miles Davis, se fijó en el joven instrumentista y lo llamó para su disco Miles in The Sky. Iba a ser la primera vez que Miles incluyera la guitarra eléctrica en uno de sus álbumes, y el elegido para acariciar las seis cuerdas en el corte Paraphernalia fue Benson. Tras dos discos más para A&M firmó con CTI Records, sello de jazz recién creado por el que había sido guru de Verve, Creed Taylor, con el que permaneció durante la que podríamos denominar su época más creativa, grabando discos tan excelentes como Body Talk, Bad Benson, Benson & Farrell (junto al saxofonista y flautista Joe Farrell), colaboraciones importantes en álbumes de Stanley Turrentine o Freddie Hubbard, y el que es para mi su gran obra, la grabación que ilustra musicalmente este texto: White Rabbit.

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Para el segundo proyecto con CTI, el productor Creed Taylor y el arreglista Don Sebesky, colocan al guitarrista en un entorno soleado, con sabor andaluz y lleno de influencias del sur. Después del aclamado Sketches From Spain de Miles, White Rabbit es sin duda el álbum que mejor ha sabido traducir la esencia de la música española al concepto de jazz americano. El Lp se sustenta en tres piezas de un nivel por encima de la media. La pista que da título al disco  es una soberbia genialidad que comienza con los clarines que anteceden a la tauromaquia. Una lisérgica composición de Grace Slick que Benson convierte en una experiencia cercana al delirio.Luego tenemos California Dreamin’, himno hippy de Mamas & The Papas, donde la idea funciona como nunca, y en la que, impulsado por la  guitarra española de Jay Berliner marcando el ritmo, Benson se desliza en un tremendamente inspirado viaje musical. El tercer as es El Mar, único tema compuesto por Benson,  en el que Berliner es sustituido  por el jovencísimo Earl Klugh, protegido del jefe, y que entonces contaba sólo con 17 años. El disco lo completa un clásico de Heitor Villa-Lobos, Little Train (from Bachianas Brasileiras No.2), en una atractiva y setentera revisitación; y el cinematográfico corte compuesto por Michel Legrand, Theme from Summer of ’42, que suena dulce y evocador. El elenco de primeras figuras que acompañan a Benson en este disco es un dream team: Herbie Hancock, que disfruta y hace disfrutar como nunca ‘insertando’ frases prodigiosas con su fender rhodes; Ron Carter, considerado por casi todos los expertos como el mejor de la historia con su instrumento, al bajo; el percusionista brasileño Airto Moreira, que crea los ambientes con delicadas texturas percusivas y voces; y uno de los baterías más dotados que jamas han empuñado unas baquetas, el gran Billy Cobham.. Además, por supuesto, de los ya mencionados guitarristas Jay Berliner y Earl Klugh, y unos vientos que incluyen, entre otros maestros, a Hubert Laws tocando la flauta y a Alan Rubin a la trompeta.

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George Benson es sin duda uno de los más grandes guitarristas de la historia del jazz, pero también es un músico increíblemente versátil que no ha dudado en explotar su faceta de tenor soulful adoptando una pose similar a la de Stevie Wonder, Donny Hathaway, y disputando al fallecido Luther Vandross, con el que compartía una buena amistad, el trono desde los ochenta hasta hoy. Desde que abandonó el sello CTI en 1976 para fichar por la Warner, ha enfocado su producción discográfica a su faceta de satin soul crooner con muchísimo éxito. El siempre ha afirmado que antes de guitarrista fue cantante,  pero esta ‘evolución’ le supuso una dura crítica por parte del sector integrista del gremio, que no dudo en acusarle de pretender acabar con el jazz. Pero según su punto de vista, el verdadero cisma en el jazz pasó mucho antes de su ‘deserción’, más concretamente en los años cincuenta y sesenta, cuando el jazz pasó de de ser música de fiesta convertirse en una de las bellas artes. Uno de sus primeros referentes, ‘Byrd’, ya fue acusado de querer terminar con el genero por la industria discográfica. “He aquí un hombre que, según ellos, iba a destruir jazz. Y, de hecho, lo hizo: acabo con el jazz tal y como lo conocían. Él cambió los parámetros, demostró que los afroamericanos podrían ser mucho más intelectuales, no simples artistas instintivos. Parker era similar a Stravinsky en su intelecto, y me enseñó una gran lección, y es que nadie puede conseguir que se le quiera en todos los ámbitos “. El hecho de que se le vea realmente convencido de que está en el camino por el mismo elegido, de que el resultado sea de una calidad superior, una calidad que no sería discutida por nadie si no fuera porque antes de ser conocido como cantante y compositor de canciones soul, pop, r’n’b, smooth jazz e incluso producciones orientadas a la pista de baile, destacó como inmenso guitarrista -lo que por cierto sigue demostrando en cada concierto- hace que esta segunda parte de su carrera pueda considerarse tan excelente como su primera época.

Benson, que ha hecho temblar las rodillas a millones de mujeres desde que, con pocos años, cortejara a las colegialas del barrio con su ukelele, hace tiempo que decidió que orientaría su arte, su música, a cantar al amor. “Voy a dedicar felizmente el resto de mi vida nada más que al amor”. Con 70 años de edad se define como un “misionero del romance”. El personaje no puede alejarse más del estereotipo de ‘crapula’ del jazz. Es un hombre familiar -padre de siete hijos- que lleva 45 años casado con su mujer Johnnie, hombre muy religioso, estudioso de la Biblia, ministro de los Testigos de Jehová al igual que fue Michael Jackson, con el que coincidió en la época en que ambos estudiaban para el ministerio. Un Michael, que, como reconoce el propio Benson, no tuvo la suerte que tuvo él de de tener un ascenso al estrellato ‘templado’. “Cuando Michael llegó a la cima estaba en una situación realmente horrible, creo que intentaba escapar de su familia. Yo tengo que agradecer a mi madre que me sacara del juego cuando tenía 11 años de edad. Yo era pobre y andrajoso, pero fui a la escuela, me eduqué, y cuando salí volví a la música”.

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