22 – Joni Mitchell, songs on canvas

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Joni MitchellBlue. Reprise, 1971

Leonardo da Vinci decía que el ojo, al que llamaba la ventana del alma, es el medio principal por el que la inteligencia puede apreciar las obras de la naturaleza de la manera más profunda y total. En segundo termino colocaba al oído, el cual, escuchando las cosas que el ojo ha visto, afirmaba que les ‘procura dignidad’ (sic). Desde tiempos antiguos los músicos aprovecharon el lenguaje de la pintura para traducir sus conceptos abstractos. Son evidentes los préstamos semánticos que un arte ha hecho al otro. Comenzando con el color, croma entre los griegos, que es una palabra que se utiliza como equivalente de timbre, o el adjetivo brillante, una cualidad indiscutible del color, que es empleado por los músicos en el sentido de nítido. Sin ir mas lejos, tono y armonía fueron una herencia que la música cedió a la pintura,  aunque el ejemplo mas evidente lo tenemos cuando hablamos del tipo de escala musical mas utilizada en la música popular: la escala cromática. El filosofo Rosseau, en uno de sus ensayos, profundizaba en el tema: “… la escala cromática está en medio de la diatónica y la enarmónica, así como el color está entre el blanco y el negro. O bien porque el cromatismo embellece al diatónico con sus semitonos, que logran, en música, el mismo efecto que la variedad de los colores tienen en la pintura”.

En cambio el científico alemán Goethe, en su monumental Esbozo de una teoría de los colores, advertía que el color y el sonido no se prestan a comparaciones, y expresó su respeto a quien, genialmente, lo lograse. Eso si,  no sin antes advertir del peligro que implicaba la mano de la ciencia en el mundo del arte: “La ciencia puede destruir a la música positiva, desarrollada de estéticas y geniales, en gracia de un tratamiento físico”.  Y para terminar con la relación color vs sonido no quiero olvidarme de mencionar el efecto sinestésico, muy habitual cuando se consumen drogas psicodélicas, en el que al observar un color podemos llegar a traducirlo en nuestro cerebro como música… y sobre todo a la inversa, sonidos que  convertimos colores. En lo que no hay duda es que las artes aprenden unas de otras y sus objetivos a veces se asemejan, como dijo el genial Kandisnky.  Pintores que también son músicos o músicos que también son pintores ha habido desde siempre. En esta serie de artículos ya tuvimos a Cat Stevens o al mismo Miles Davis, que al tiempo que buceaban en los acordes y compases  buscaban complementar su experiencia artística plasmando en papel o lienzo lo que no podían expresar con notas. Joni Mitchell es otro buen ejemplo de músico/pintor, y el álbum con el que se presenta en ‘Dioses y Monstruos’ también tiene nombre de color: Blue.

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Con ocho años de edad, Joni Mitchell (nacida Roberta Joan Anderson en Alberta  -Canadá- en 1943) contrajo la poliomielitis.  1951 fue el año de la última gran epidemia que sufrió América del Norte antes de que la vacuna de Jonas Salk acabara con la enfermedad. Ese mismo año la contrajo también otro de nuestros monstruos favoritos, su compatriota Neil Young,  con el que coincidiría en EEUU dos décadas más tarde. Tras llevar ya varias semanas postrada en la cama del hospital, y al no apreciarse mejoría en su estado, Joni tuvo que escuchar como los médicos le decían a sus padres que nunca mas podría volver a caminar. En la misma planta donde estaba ingresada veía a otros niños que como ella sufrían la enfermedad, incluso alguno que ya estaba en estado tan avanzado que para respirar necesitaba estar en un pulmón de acero, pero lo primero que se le vino a la cabeza a esa menuda niña rubia fue que no podría estar en su casa para celebrar la Navidad.  “Me dijeron que no podría volver a caminar, y que  no sería capaz de volver a casa por Navidad. Pensé que ya que yo no podría ir a celebrar la fiesta a mi casa,  como siempre lo había hecho, me la traería al hospital, así que empecé a cantar villancicos a todo volumen…” Probablemente fue esa la primera vez que su hermosa voz de contralto sonó en público.

El padre de Joni era un músico aficionado que amaba el swing y tocaba la trompeta en bandas de música militar, y a Joni le gustaba seguirle junto a sus ‘colegillas’ cuando desfilaban por las calles de su ciudad. Muchos de sus amigos de la infancia estaban tomando clases de música, pero a ella le costaba horrores estudiar teoría musical; la apuntaron a piano clásico durante una breve temporada antes de que cumpliera siete años, pero no se adaptaba a la disciplina del conocimiento teórico:”Yo quería tocar … y para eso me era suficiente con memorizar lo que escuchaba. Pero mi profesor de música me dijo que tocar de oído era un pecado,  y que si no aprendía solfeo nunca sería capaz de leer estas piezas tan maravillosas que me gustaban. Pero a mi no me iba ese sistema tan estricto… y me vine un poco abajo”.

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Sus primeras obsesiones musicales fueron Debussy, Ravel, Stravinsky, Chopin y Beethoven, y en cuanto pudo ahorrar lo suficiente se compro su primer vinilo: Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov. Con 11 años, Joni era una mala estudiante,  frustrada por el panorama educativo de los cincuenta que ofrecía tan pocos alicientes, y se dedicaba a hacer dibujos en sus cuadernos en lugar de prestar atención a las clases y tomar apuntes. “La forma en que percibí el sistema educativo desde una edad temprana fue que te enseñaba que es lo que tenias que pensar,  no cómo pensar. No había libertad de pensamiento. Te entrenaban para encajar en una sociedad en la la libertad de pensamiento era un estorbo”. A Mitchell le atraía el arte en una época en que la expresión artística no se tenia en cuenta en los planes educativos. Hasta séptimo grado los maestros le alababan su calidad técnica con el pincel y el lápiz.  pero no la motivaban a que cultivara su propia expresión.   Le hacían copiar y copiar sin parar, hasta que llegó un profesor que  la ayudo a cambiar su manera de entender el arte. “¿Te gusta la pintura? , le pregunto, ” porque si sabes pintar con un pincel puedes pintar con palabras”. Joni comenzó a escribir ripios y tópicos poéticos, al igual que hacia con la pintura, copiando, sin sacar nada propio, nada de su interior. Pero el ‘radical’ de su tutor le dijo que se olvidara de los clichés  “Escribe sobre lo que sabes, es más interesante”, y Joni se abrió y comenzó a dejar salir lo que llevaba dentro. En su álbum de debut incluye una dedicatoria a ese maestro: “Mr. Kratzman, que me enseñó a amar las palabras”. 

Lo cierto es que su adolescencia no fue todo lo apacible que a sus padres y profesores les hubiera gustado. A ella le gustaba vestirse estrafalariamente e irse a los barrios de inmigrantes a alternar con ellos, pero “…cuando volvía a mi barrio, me daba cuenta que tenía una imagen provocativa. Pensaban que estaba  perdida, porque siempre me han gustado los alborotadores. Era una etapa en la que mis amigos que eran delincuentes juveniles de repente se convirtieron en delincuentes”. Se sentía atraída por el ambiente turbio de los marginados. “El crimen es muy romántico en la juventud”

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En el otoño de 1964 Joni descubrió que estaba embarazada de su ex-novio. En ese momento ‘la píldora’ era legal en Canadá  al igual que el aborto; sin embargo había un fuerte estigma social contra las mujeres que daban a luz fuera del matrimonio. Pero ella quiso seguir adelante. Se fue a Toronto, donde al menos podría tener el bebe sin llamar la atención,  y sin alarmar a sus familiares dio luz a una niña en febrero de 1965. Con veintiún años, y sin posibilidad de de mantener a la criatura, dio a su hija Kelly Dale Anderson en adopción. La experiencia quedó para siempre en su atadillo de recuerdos y emociones. Little Green, uno de los temas que incluyó en Blue, nos cuenta la historia de una adopción  “Una niña pretendiendo tener un niño/ Cansada de las mentiras que están enviando a casa/ firmó todos los papeles con su apellido/ Estás triste y lo sientes, pero no estas avergonzada/ Little Green tiene un final feliz”. Tras un periplo que la llevo de su pueblo a Ontario, después a Michigan y más tarde Nueva York, donde David Crosby la descubriría actuando en un club y se la llevaría con el a Los Angeles, Joni Mitchell acabaría formando parte de la escena folk rock de California junto a C,S,N & Y, con los que compartió música -uno de los más grande éxitos del cuarteto,  Woodstock, lo compuso ella, y Stills toca la guitarra en uno de los temas de este disco- y amor, siendo la pareja de Graham Nash durante varios años. Precisamente tras romper su relación con Nash, y después de tres álbumes editados, Mitchell se larga a Europa a olvidar las penas, y a la vuelta se mete en el estudio para grabar Blue.

Este es un disco melancólico y hermoso, un álbum confesional, un disco que habla de si misma con total honestidad. Las canciones de Joni Mitchell se basan en simples emociones básicas de amor y perdida grabadas con una impresionante complejidad. Incluso temas como All I Want,  My Old Man , Carey  o  California  – los momentos más brillantes, más esperanzadores de la grabación – no pierden la tonalidad oscura y melancólica, que alcanza más profundidad con Little Green, A Case Of You,  y el corte que da titulo al disco, donde eleva su folk-pop delicado a nuevos niveles de honestidad y transparencia. La música de Mitchell traspasa los habituales limites del folk acústico y comienza a preparar el camino para lo que sera una carrera en la que no rehuirá la experimentación con el jazz. Inigualable en su fuerza y capacidad de influencia, Blue sigue siendo un punto de inflexión en el la música folk del siglo XX.

7 pensamientos en “22 – Joni Mitchell, songs on canvas

  1. Preciosa voz. Estupenda entrada, la más filosófica hasta ahora, pero hay algo de sinrazón en lo que dices, oyendo a esta mujer parece poderse ver.

  2. Un poco corto se me queda, considerando el volumen de vida intensa sobre la que se puede hablar…y por supuesto, su filosofía básica de artista multimedia, al que le falta su famoso comentario: “Pinto mis alegrías con pinceles y mis tristezas con palabras”. Por cierto, ¿sabías que la letra de “California” habla de una fiesta en una casa payesa de San Joan en la que estuvo en los 70? Toda esa gente leyendo Vogue en una party en una casa en un camino de tierra….

  3. Si, aunque de las tierras planas del oeste. No obstante, mi obsesión personal trasciende de compatriotismo…posiblemente sea una de las figuras más completas de la generación con su palmarés de groupie, cantante, jazzista, pintora, poetisa (sus letras se estudian en las universidades norteamericanas)…además de crítica y observadora de una era historica irrepetible. Hay un libro biográfico absolutamente imprescindible (creo que su título es “Both Sides Now”) que profundiza en sus devaneos por la vida, que componen una imagen magistral de una vividora a la que no ha faltado de nada. De hecho, cada canción tiene una historia profunda de sucesos y meditaciones que bien la convierten en una referente diaria para interpretar los tortuosos caminos de la vida. Sus colaboraciones con Metheny y Pastorius y su acercamiento a Mingus le dieron un caché que pocos folkies han alcanzado…Dato curioso, por cierto…su re-encuentro con su hija a los 30 años de haberla dado en adopción se convirtió en el culebrón más seguido de Canada en los años 90… ¿Como no quererla? 🙂

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