21 – Miles Davis, la segunda venida

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Miles DavisBitches Brew. Columbia, 1970

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en Su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino Él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y Su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De Su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y Él las regirá con vara de hierro; y Él pisa el lagar del vino del furor de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en Su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”. Apocalipsis 19:11-16

En 1987 estaba Miles Davis invitado a una recepcion en la Casa Blanca organizada por el presidente Reagan en honor a Ray Charles. De entre los cientos de invitados que había en la fiesta, al encargado de protocolo no se le ocurrió nada mejor que sentarlo junto a una estirada dama de la alta sociedad de Washington que, pasado un rato, no pudo contenerse, y arrugando la nariz le pregunto al ‘negro’ que qué había hecho él para ser invitado a tan importante evento. Con su habitual don de gentes el supremo macarra le soltó a la ‘señoritonga’: “Yo he cambiado la música cuatro o cinco veces. ¿Qué ha hecho usted de importancia aparte de ser blanca?”. Exagerado sin duda. Miles ha estado en todas las evoluciones del jazz desde los años cuarenta, del bebop al hip-hop, pero tanto como cambiar la música cuatro o cinco veces no diria yo, eso si: dos seguro. Esta es la segunda, la segunda venida. El ángel anunciador fue In a Silent Way de 1969, pero Bitches Brew fue una revolución -mas bien un salto, una ruptura- como lo había sido antes el paso del be-bop al cool jazz en los cincuenta con Birth of the Cool. Es curioso como un disco tan complicado como este se convertiría en el más vendido de toda su carrera. Quizá hay algo que hemos perdido y que vivía en la mente (¿y el alma o viceversa?) de los que vivieron con plenitud la época gloriosa de la música. Lo que si es cierto es que en unos años de explosión de la industria discográfica y de los mega conciertos,  gracias sobre todo a las grandes bandas de rock, Miles supo subirse al tren, y haciendo el más difícil todavía nos dejo atónitos a todos. Comenzando por los ‘puretas’ del jazz que, como todos los integristas, sean de lo que sean, no supieron entender lo que estaba pasando en el mundo (real y musical)  y que tan bien, como siempre, captó Davis. Me repito diciendo que no es un disco fácil, porque no lo es. Ya no estamos acostumbrados a tener que prestar tanta atención a una obra, vivimos en una sociedad donde nos lo dan todo procesado para que sea más digerible. Bitches Brew es lo opuesto a este concepto…. Si no estáis preparados mejor que no lo escuchéis,  si no sois valientes mejor que lo olvidéis.

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El verano de 1969  significó para Miles, y para la escena del jazz y la música en general, la culminación de su aventura más audaz. Se olvidó de los reparos estilisticos que todavía persistían en su anterior álbum y rompió todos los esquemas que hasta ese momento configuraban y delimitaban -etiquetaban- la música por categorías. Se había acabado el ir con pies de plomo o andar sobre cascaras de huevo. Para hacer In a Silent Way en el 68 se había dedicado a escuchar una colección de discos de rock que le había pasado Tony Williams, veía que había una senda por explorar, pero no se acabó de liberar del todo; con Bitches Brew lo consiguió. Comenzando por el cover art memorable del artista Abdul Mati Klarwein (quien por cierto moriría con nacionalidad española en Deiá -Mallorca- en 2002) que fue diseñado por petición personal del propio Miles, que admiraba su obra y los trabajos que había hecho para los discos de Eric Dolphi en el 63 o el deslumbrante Abraxas de Santana -editado en 1970 pero para el que se utilizó su pintura Annunciation de 1961-. El trabajo expresionista de Klarwein captura el espíritu de la época del amor libre, y representa a una pareja negra, desnuda, mirando expectante un océano con una enorme flor roja en llamas que desciende del cielo y que divide la luz de la noche -el back cover– donde se observan otras dos figuras: una femenina con pinturas rituales, como una hechicera, mirando al cielo con estupefacción, y otra masculina con la cabeza cubierta en una postura mas meditativa. Todo presidido por una doble cara, una cara en un espejo, de la que surge un fluido que se convierte en dos manos entrelazadas. El titulo del disco también forma parte del acto rupturista de Davis. Por primera vez se utiliza la palabra bitches (putas) en el nombre de un ábum. Carlos Santana especulaba con que todo era un homenaje a “las damas cósmicas” que rodeaban a Miles en ese momento, y que no hace mas que representar la música, la ropa, y las actitudes de la contracultura de los 60.  Otros dicen que lo de putas iba por los músicos mismos; en argot afroamericano llamar hijo de puta a alguien es un elogio, y entre músicos se utiliza para alabar la calidad técnica de otro artista. Sea lo que sea lo que significara el título -quizá nada- sonaba provocativo, y Teo Macero -el productor- lo tenia claro : “El título encaja en la música, la portada encaja en la música. “

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Al igual que había hecho en sus anteriores discos, Miles encabeza el álbum con la frase ‘Directions in Music by Miles Davis‘.  Una expresión muy reveladora de lo que hacia, o pretendía hacer, con sus músicos  El marcaba el camino, la dirección que iban a tomar, y luego permitía que las bestias que le acompañaban lo recorrieran según su propio conocimiento -y valor, porque no decirlo-. Para la grabación de Bitches Brew contó con Wayne Shorter al saxo soprano, Bennie Maupin al clarinete, Joe Zawinul, Chick Corea y Larry Young tocando los pianos eléctricos, John McLaughlin a la guitarra, Dave Holland con el contrabajo, Harvey Brooks con el bajo eléctrico,  Lenny White, Jack DeJohnette y Don Alias con la batería y percusión,  y Juma Santos (aparece en los créditos como Jim Riley) tocando percusiones de todo tipo. En la edición extendida del álbum aparecida en 1999 se incluye una grabación titulada Feio en la que también participa Billy Cobham a la bateria y Airto Moreira en la percusión  Las sesiones  tuvieron lugar en el 30th Street Studio de Nueva York durante tres días de agosto de 1969. Davis avisó a los músicos con muy poco tiempo, algunos cortes se ensayaron antes de entrar en el estudio, pero en la mayoría los músicos tenían poca o ninguna idea de lo que iban a grabar. Una vez en el estudio a los interpretes se les dio muy poca información:  el tempo, algunos acordes o una pincelada de la melodía, y sugerencias sobre el mood que el tema requería o el tono preciso.  A Davis le gustaba trabajar de esta manera, creía que así los músicos estaban siempre alerta a lo que hacían sus compañeros o a las  indicaciones que él mismo les daba, que podían cambiar en cualquier momento. En los pasajes  más tranquilos se puede escuchar la voz de Miles dando instrucciones,  chasqueando los dedos para indicar el tempo, susurrando el característico “aguantad ahí” , o indicando cuando debían entrar con sus solos. La mayoría de la música es suya con dos excepciones importantes: Pharaoh’s Dance compuesta por Joe Zawinul, y la balada  Sanctuary de Wayne Shorter. Una característica primordial de la obra es el trabajo de post producción.  Si durante las sesiones de grabación Miles le dijo a Teo Macero que no abriera la boca y grabara todo lo que tocaban, luego permitió que este hiciera un trabajo innovador a la hora de editar los temas. Paul Tinguen, músico, productor y escritor de un famoso libro sobre la obra de Miles cuenta que ” Bitches Brew también fue pionera en la aplicación del estudio como instrumento, con montones de ediciones y efectos  que eran parte integral de la música. Miles y su productor, Teo Macero, utilizaron el estudio de grabación de un modo radical, sobre todo en Pharaoh’s Dance, donde había muchos efectos especiales como loops, delays, reverbs y ecos. Cortando y pegando la cinta Macero inventó nuevas estructuras musicales que luego fueron imitadas por la banda en los conciertos en vivo”. Pharaoh’s Dance contiene 19 ediciones.

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De cómo Bitches Brew supuso un nuevo paradigma musical, desconocido  hasta ese momento, se ilustra con humor con una anécdota contada por Joe Zawinul. El teclista había quedado tan desconcertado por las sesiones de Bitches Brew que ni siquiera reconocía la música resultante. “No me gustaron mucho las sesiones de Bitches Brew“, contaba Zawinul. “No me parecieron lo suficientemente excitantes. Pero un tiempo después estaba en las oficinas de CBS  y escuche una música increíble que tenía puesta una secretaria,  algo flipante, así que le pregunté: ‘¿Qué demonios es esto?’. Y ella respondió: ‘Es Bitches Brew.’ En ese momento pensé ‘maldita sea’, es genial.”

 

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