20 – The Who, los chicos estan bien

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The WhoWho’s Next. Polydor, 1971

En 1962, bajo la influencia de sonidos que venían del otro lado del Atlántico como el r&b  o el skiffle (un tipo de música folk influido por géneros como el jazz y el blues en el que se utilizan instrumentos como guitarra acústica, banjo, y cualquier trasto que haga ruido como peines, papeles, tablas de lavar, etc) Pete Townshend y John Entwistle, compañeros de ‘cole’ en la Acton Grammar School de Londres, formaron  un grupo de dixieland al que llamaron The Confederates. Townshend tocaba el banjo, y Entwistle tocaba el corno francés porque ese era el instrumento que tocaba también en la banda del colegio. Un dichoso día iba Roger Daltrey paseando por Londres cuando se cruzo con Entwistle que hacía lo propio, con su bajo colgando al hombro. Entiendo que se debían conocer de antes, porque Daltrey le dijo  a John que tenía una banda llamada The Detours y le invitó a unirse a ellos. Entwistle se apunto a la partida, y tras unas semanas ensayando sugirió que ficharan a Townshend como guitarrista adicional. En aquellos primeros días The Detours tocaban música variada: blues americano, country o rhythm and blues. El grupo estaba formado por Daltrey como guitarrista principal, Townshend en la guitarra rítmica, Entwistle tocando el bajo, Doug Sandom en la batería y Colin Dawson como vocalista. Al poco tiempo Dawson se marcho y llegó Gaby Connolly para ocuparse de los vocales, pero solo duro unos meses en la banda, y entonces Daltrey decidió que sería el vocalista. (¿Como?… ¿Uno de los mejores cantantes de rock de la historia y comenzó a cantar casi por obligación?). La banda se puso manos a la obra, buscaban un contrato discográfico, pero pronto les llegaron dos recomendaciones importantes. Primera: el batería era bastante flaco. Segunda: tenían que componer su propio material. En 1964 el propio Sandom (el baterista que no daba la talla) fue consciente (o no) de su falta de calidad y dejó el grupo, y para cubrir las obligaciones contractuales contrataron a un baterista de sesión para los conciertos que tenían programados. Mientras, seguían buscando a alguien que manejara las baquetas. En mitad de ese impasse, Keith Moon se acercó un día a Roger Daltrey y le soltó  “He oído que estáis buscando alguien para la batería. Bien…., yo soy mejor que el que tenéis ” Y tenía razón Mr Moon. Sin él The Who (por entonces todavía The Detours) no hubieran sido los mismos. Ese mismo año Entwistle se enteró de que había otro grupo que se llamaban como ellos y decidieron cambiarse el nombre por el definitivo (o casi) The Who. Sin embargo, durante un breve período, en el verano de 1964 cuando estaban bajo la dirección del mod Peter Meaden, pasaron a llamarse The High Numbers y lanzaron el single  Zoot Suit / I’m a Face, en un guiño a sus más radicales seguidores mod; pero el 7″ no tuvo demasiada repercusión y volvieron, ya definitivamente, a The Who. Se hicieron muy populares entre los mods británicos, una sofisticada contracultura de los sesenta que oponía el gusto por la moda de vanguardia,  los scooters y géneros musicales como el rhythm and blues y el soul, al movimiento rocker que gustaba más de las Norton, Elvis, la brillantina y las chupas de cuero.

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La banda tenía muchos seguidores a nivel local, pero necesitaban algo que les hiciera destacar en la dinámica escena británica de esos años (ahí es nada: The Beatles, The Rolling Stones, The Kinks, Them…). En junio de 1964, durante una actuación en el Railway Hotel de Wealdstone, al noroeste de Londres, Townshend rompió accidentalmente el clavijero de la guitarra por culpa del techo bajo del local donde estaban tocando. Enfurecido por las indisimuladas risitas de la audiencia, el iracundo Pete agarró su  instrumento por el mástil y lo partió a golpes contra el suelo. Aliviado cogió otra guitarra y continuó el espectáculo. Una semana más tarde, en el mismo lugar, Townshend se quedó sin guitarras, y ademas derrumbó la pila de ‘amplis’ Marshall que les daban potencia. Pero en esa ocasión no estuvo solo: Keith Moon se apuntó a la jugada, y sin pensárselo dos veces destrozó su batería acompañando a Pete en ese catártico momento de destrucción  Lo cierto es que gracias a un accidente no premeditado, y al ataque de rabia que le siguió, consiguieron ‘dar la nota’ y destacar. Musicalmente ya eran muy buenos, y ahora además daban más espectáculo que los demás. La destrucción de instrumentos se convirtió en un elemento básico de las actuaciones de The Who durante años. Para la revista Rolling Stone, el incidente en el Railway Hotel es uno de los “50 momentos que cambiaron la historia del rock ‘n’ roll“. Ya en 1965, y  establecidos como banda a seguir gracias su explosivo directo, dieron el siguiente paso: sacar su primer sencillo como autores. El corte elegido para este primer single estaba compuesto por Townshed y se tituló I Can’t Explain. La canción fue producida por el norteamericano Shel Talmy (que el año anterior había producido el histórico You Really Got Me para The Kinks).  El tema no es que fuera un exitazo en el Reino Unido, pero si que tuvo trascendencia en EE.UU gracias a Peter Cavanaugh, un dj radiofónico de Flint, Michigan, que se hincho a pincharlo. Ese fue el comienzo del idilio de los ingleses con la audiencia americana. Siendo desde entonces, probablemente, el grupo británico más reconocido al otro lado del Atlántico. A ese más que digno punto de partida le siguieron maravillas de los sesenta como  Anyway, Anyhow, Anywhere, My Generation -la primera grabación de la historia del rock que contenía un solo de bajo-, Substitute, The Kids Are Alright, I’m a Boy,  Happy Jack,  I Can See for Miles o Magic Bus. Toda esas joyas intemporales editadas en menos de cuatro año. Se fueron a EEUU de gira y actuaron en el festival de Monterey Pop y en Woodstock (donde por cierto se negaron a salir al escenario si no les pagaban antes), y ya en el 69 lanzarían la que sería la primera de las dos operas rock de su repertorio: Tommy. La historia de ese niño que se queda ciego y mudo debido a los abusos que sufre por parte de su padre, y que ya de joven es capaz de batir a cualquiera jugando al pinball, contenía piezas tan maravillosas como See Me, Feel Me, Pinball Wizard o I’m Free. En un reportaje de la época, la revista Melody Maker afirmaba sin rubor que a partir de ese momento The Who pasaban a ser “sin duda el grupo con el cual todos los demás han de ser juzgados”. Volvieron a Inglaterra como grandes estrellas, y así los consideró la BBC, actuando en el prestigioso Pop Go The Sixties. Febrero del 70 marcaría otro hito en una carrera que no dejaba de sorprender, y de su actuación en Leeds extraerían el material para editar Live at Leeds, considerado por muchos críticos y aficionados al rock como el mejor álbum en directo de la historia.  Luego ya llegaría la obra maestra que ilustra este articulo: Who’s Next.

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El álbum hunde sus raíces en Lifehouse, un ambicioso proyecto de opera rock futurista que Pete Townshend abandonó después de sufrir una crisis nerviosa causada por la presión. No hay una razón objetiva, pero este álbum, pese a estar hecho de retales, es mejor que Tommy. Townshend descubre los sintetizadores, y aparecen por todas partes añadiendo texturas cuando son necesarias o aumentando la potencia cuando se requiere. Lo cierto es que dejando de lado Live at Leeds nunca han sonado tan fuerte y desquiciadamente enérgicos como lo hacen aquí. Baba O’Riley o Won’t Get Fooled Again son delicias de hard rock melódico como pocas veces se han escuchado,  repletas de matices que no las endulzan ni les hacen perder fuerza. Y luego, sin embargo, saben equilibrarlo con  preciosas baladas como  The Song Is Over o Behind Blue Eyes. El disco destila furia, humor, desesperación  pasión .. Sera porque el genio musical de Townshed esta a su máximo nivel, quizá porque Keith Moon es incontrolable con su timming soberbio, o porque Roger Daltrey nunca ha cantado mejor, o quizá porque John Entwistle se sale con sus maníacas lineas de bajo…. tanto da. No me lo preguntéis  no lo se.  Después de Tommy era casi imposible crear algo mejor, pero The Who lo consigue;  porque pese a lo pretencioso que pueda resultar el querer superar su obra anterior sin perder el matiz del art rock, la patina de lo trascendente conseguida con su opera, lo hacen al bajar a tierra y plantar sus posaderas en la tierra del más elaborado rock’n’roll inteligente.

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SIglo XXI, la historia continua…  Aunque Townshed está sordo como una tapia por las décadas de decibelios sobre el escenario, Daltrey ha perdido sus rizos, pesa unos kilos más que cuando tenia veinte años y ya no se atreve a lucir torso, Entwistle se fue al otro barrio por una sobredosis de cocaína en el 2002 cuando iban a comenzar otra gira por sus queridos EE.UU, y Keith Moon murió en 1978 después de meterse 32 pastillas de Clometiazol en el cuerpo. Moon está considerado como el modelo sobre el que se ha construido la leyenda del ‘batería de rock zumbado’.  Le encantaba destrozar habitaciones de hotel y ‘liarla parda’ estuviera donde estuviera. La ‘buenas lenguas’ cuentan que en una ocasión, cuando ya estaban en el aeropuerto para irse de una ciudad donde habían actuado, volvió al hotel a toda prisa, subió a la habitación y tiro la televisión por la ventana. Su único comentario fue…. “ufff… casi se me olvida”. El tributo más famoso a Moon es el personaje de los Mupppets, Animal, un batería enloquecido que es tan salvaje que debe ser encadenado a su batería durante sus conciertos.

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