15 – Bill Withers, el hombre que no quiso reinar

Bill witherstill bill cover

Bill WithersStill Bill. Sussex, 1972

En esta sociedad tan de cartón en la que vivimos, en la que es habitual que los que no tienen nada que ofrecer se crean los ‘reyes del mambo’, una sociedad que premia la mediocridad si da  bien en cámara, y que acepta que sean los menos dotados los que marquen el camino….. Me ha gusta mucho encontrarme a un personaje tan integro y humilde en su genio como Bill Withers, y he disfrutado como nunca escribiendo este capítulo.  No he podido menos que relacionarlo con lo que nos toca vivir actualmente, una época de parafernalia vacía de contenido en la que no es que el tuerto sea el rey…. es que el rey es tan ciego (sordo para ser mas consecuentes con el uso del adjetivo) como los que le siguen. Whiters lo tenía todo para ocupar el trono, pero lo suyo no era reinar.

El último de los seis hijos del matrimonio Whiters, William Harrison, vino al mundo el 4 de julio de 1938, en Slab Fork, West Virginia. Durante mucho tiempo, la ciudad donde nació, un pedazo de nada en mitad de la nada, sobrevivía gracias a la poco saludable extracción de carbón, y Bill fue el primer hombre de su familia que no acabaría trabajando bajo tierra. Cuando tenía tres años sus padres se divorciaron, y a él lo enviaron a un pueblo a unas decenas de kilómetros de su casa, donde fue criado por la familia de su madre. Asmático y tartamudo, Bill tuvo siempre el apoyo de su abuela, que no le permitió la autocompasión y siempre le empujó para que saliera del pueblo. “Una vez un profesor me llamó minusválido”, declararía en el documental sobre su vida, Still Bill (Alex Vlack y Damani Baker, 2009), “No me gustó esa palabra (…) El ser etiquetado como ‘minusválido’ me provocó una crisis de confianza. Solo quería irme y volver a empezar con gente nueva. La Marina, a los 17 años, parecía un buen sitio adonde ir”. Y así lo hizo. Se alistó y acabo destinado en el Pacífico, en Guam, donde comenzaría a prodigarse por los bares que frecuentaban los soldados americanos interpretando a crooners tipo Johnny Mathis. Tras pasar nueve años enrolado en la armada volvió a EE.UU instalandose en Los Angeles, en 1967, donde consiguió trabajo instalando retretes en los aviones de la MacDonell/Douglas. Un trabajo serio, con futuro, como decía él. Pese a que por entonces ya estaba componiendo temas como Ain’t No Sunshine, Use Me o Grandma’s Hands, seguía creyendo que eso de la música no era fiable.

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Su actitud como artista se acerca mucho más a Richie Havens o Terry Callier, dentro del movimiento de soul acústico de los 70, que al soul funk más psicodelíco, o bailable, que estaba más en la onda de los productores negros de la época. Al estilo de los trovadores blancos como Stevens, Dylan o Donovan, nada que ver con la parafernalia del funk o el rock, “…soy ese tipo negro sentado en una silla con su guitarra acústica..” Bill Whiters es el reverso de la moneda de estrellas como James Brown, Bootsy Collins, Rick James o Prince. De entrada no le gustaba el boato ni la purpurina, y como recordaba el mismo, el hecho de haber comenzado su carrera profesional como músico cuando ya tenía una vida establecida, más de veinticinco años, un trabajo rutinario con las habituales ataduras a la realidad, le permitió observar el deslumbrante mundo del show bussines desde otra perspectiva, e intentó no dejarse engatusar; pero la fama es una bestia demasiado poderosa, lo devoró sin contemplaciones, y la cocaína acabaría siendo parte de su dieta. Sobre todo después de entrar en el circulo del promotor de boxeo Don King, que le invitó a actuar junto a James Brown, Etta James y BB King, en el combate de boxeo más mediático de la historia: El mítico Rumble in The Jungle en Zaire, 1974; Muhammad Ali vs George Foreman. Al final consiguió romper el circulo y salirse de un ambiente que para nada era el suyo, nunca estuvo cómodo en el papel de soul star, y siendo fiel a su original principio, tras ‘solo’ veinte años de profesional, llegó un momento en el que decidió que prefería ‘pasar’ de la farándula y volver con su familia a tiempo completo; era 1989, y se esfumo de la escena como un fantasma. ” La gente me pregunta eso a menudo …¿Cómo pudiste dejarlo?. Para mí no se trataba de dejar nada, sino de hacer otra cosa. Me gusta la música, pero no voy a dedicarme de lleno a ella. ¿Sabes lo infeliz que serías si pensaras que no eres lo que deberías ser?…”

En 1970 firma con el sello Sussex su primer contrato discográfico, y la casa contrata a Booker T. Jones para producir su álbum de debut. Planearon cuatro sesiones de tres horas de estudio para la grabación, pero problemas con la financiación les obligaron a grabar solo en tres sesiones, y con un descanso de seis meses entre la segunda y la tercera. Pese a las dificultades, Just As I Am fue lanzado en 1971 con Aint No Sunshine y Grandma´s Hands como singles, y fue un exitazo. Entre los músicos que le acompañaron en su primera experiencia en el estudio estaba uno de nuestros monstruos predilectos, el ‘blanquito’ Stephen Stills tocando la guitarra solista en alguno de los temas del disco. De sopetón Withers tropezó con el éxito y el reconocimiento. Se encontró viajando con una estupenda banda formada con los miembros de The Watts 103rd Street Rhythm Band, el combo que había acompañado a Charles Wright desde principios de los sesenta, cuatro tios con el ‘culo pelado’ de tanto tocar por el mundo: el baterista James Gadson, el guitarrista Benorce Blackmon, el teclista Ray Jackson, y el bajista Melvin Dunlap. Y para acabar de arreglar este despegue brutal,  en la 14 ª edición de los Grammy, el Martes, 14 de marzo 1972, le dieron el premio a la mejor canción r’n’b por Aint No Sunshine. Por entonces el tema ya había vendido más de un millón de copias, y fue galardonado con un disco de platino.

Rainbow 1973

Durante un descanso de la gira, Withers decide meterse en el estudio con la banda y grabar su segundo 33rpm: Still Bill, uno de los discos más elocuentes de la historia del rhythm and blues. Booker T Jones no está disponible para la producción, y en un alarde de valentía cierran por dentro las puertas de los Plant Studios de LA, y deciden manejárselo todo entre ellos. El resultado es de una alquimia deliciosa: entre el soul suave que se está haciendo en Filadelfia, el sonido blaxplotation de Bobby Womack, y el toque sureño más blues, más acústico  Es rico en producción y está sutilmente elaborado, pero su mejor atributo es que entra fácil  nunca suena forzado o con exceso de ‘trabajo’. Es lo grandioso de su obra, son canciones simples, perfectas en su sencillez, cálidas y de fácil acceso, pero con profundidad y complejidad. Son cuentos de la realidad, historias que no caen en el blanco o en el negro, repletas de una comprensión madura de la naturaleza humana: Use Me, una explicita canción sobre sexo y adicción, con un hook de guitarra insuperable; Lean on Me, un gospel a corazón abierto, una ofrenda de amor y solidaridad; Who is He (And What Is He To You), las turbulencias de los celos en una relación paranoica, que se convertiría en hit interpretado por Creative Source, y que es un tema del que Gladys Knight o Meshell Ndegeocello harían su propia versión desde el punto de vista femenino. El alto nivel de composición se mantiene en todos los cortes, su reconfortante voz de barítono nos acompaña sin estridencias, trasmitiendo una calma imperturbable, de atardecer silencioso, y los músicos se las saben todas. El equilibrio de un disco magistral, el mejor testimonio de un talento único.

Terminada su etapa con el sello Sussex, Bill ficha por Columbia, que intenta convertirlo en una estrella de sexy soul al estilo de Hayes, Gaye o White. Pero fracasan estrepitosamente en el intento. Salir al escenario con trajes de raso blanco a marcar paquete no le iba nada. Además Whiters no podía soportar que intentaran meter las zarpas en su música. “Al explorar tus sentimientos y vulnerabilidades”, confesaría luego, “tus virtudes y defectos… Llevas encima la carga de tratar de encontrar esas emociones. Pero entonces llega una pandilla de A&R para decirte qué hacer, con todas sus sugerencias estúpidas. Según iba respondiendo a cosas así, mi parte simple, emocional, vulnerable, iba quedando… pulverizada”.

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Nunca le gustó la fama, no disfrutaba con la fiesta ni el ‘postureo’, fue un artista honesto y sincero que no supo o no quiso encajar; no soportaba la hipocresía: “Estoy harto, cansado de ver a gente gritando ‘Te amo’ con los dos brazos en el aire”. En 1972, justo después del lanzamiento de su primer álbum, Just as I am, y cuando estaba por publicar Still Bill, Withers apareció en un programa de la BBC. Ahí estaba el novato de treinta y tres años, con su clásico jersey de cuello de cisne anaranjado, sudando visiblemente mientras presentaba la primera canción que había escrito jamás: “Los hombres tienen problemas en admitir que han perdido algo”, dijo. “Creo que las mujeres son mucho mejores en eso. . . . Así que, por una vez en mi vida, quiero renunciar a mi propio ego masculino y admitir que una vez perdí algo.” Whiters comenzó a tocar la guitarra acústica y a cantar. “No hay sol cuando ella se ha ido / No hay calor cuando está lejos / No hay sol cuando ella se ha ido / y siempre pasa demasiado tiempo cada vez que ella se va.”

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